Zancudos “Buin Zaa” de Zaachila, gente de las alturas que baila en honor a antepasados

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Rebeca Luna Jiménez

Es innegable que la Villa de Zaachila lo tiene todo. Es una población que posee una vasta riqueza cultural, con música y danzas particulares, variada gastronomía y días de mercado de enorme sabor y colorido único.

Lo que hoy ocupa esta historia, es conocer la conformación de un grupo de danza que se distingue, que en las alturas demuestra su pasión por el arte y lo valiente de su corazón zapoteca. Los Zancudos Buin Zaa, tienen una existencia que está ya por cumplir una década, aunque esta danza se ubica en el tiempo con medio siglo de existencia.

En entrevista, el representante de Zancudos Buin Zaa, Isaías López Vargas, relató que hace algunas décadas las calles de Zaachila estaban inundadas de agua, por tal motivo, para cruzar de un lado a otro, los pobladores de entonces idearon el uso de zancos.

Así surgió el uso de estas extensiones de las piernas y parecer personas de más altura, de ahí surge el nombre de este grupo de bailarines, que significaría al español algo como “Gente de las alturas”.

El maestro López Vargas, es el capitán de estos “Zancudos”, su tarea no sólo se centra en reclutar a los danzantes y de instruirlos hasta fabricar los zancos, sino también investigar sobre los orígenes de esta particular danza.

Este hombre ha encontrado algunos relatos fantásticos que mezcla la fe y la devoción además, de la necesidad de usar los zancos para poder caminar entre las aguas. Así la oralidad cuenta que hace más de cien años en un cerro limítrofe entre Jalpan y Zaachila, un anciano se encontró con la aparición de San Pedro.

Proyectar a Zaachila a través del baile

Con orgullo y con mucha pasión, el joven Pedro Aldair Antonio Aragón, originario del Barrio de San José, es cabecilla del grupo Zancudos Buin Zaa, él es encargado de elaborar el vestuario de hombres y mujeres.

Actualmente, en entrevista relata que son 73 integrantes los que conforman este grupo de bailarines, que conjugan el valor y el arte, pues es una danza de riesgo en la que el miedo pasa a segundo plano.

Asimismo, indica que este grupo de baile, está ya por celebrar una década de conformación, en todos estos años han tenido la oportunidad de pisar otras latitudes del país, como en los estados de Morelos, Chiapas, Puebla, Toluca y la Ciudad de México, asimismo en las diferentes regiones de Oaxaca.

Aprovechó, para mandar un mensaje a los niños y jóvenes de su comunidad y de distintas partes, al decir que dediquen su tiempo a una actividad cultura, ya sea el baile u otra manifestación artística.

Pero, si fuera posible que ésta sea de la comunidad a la que pertenecen, esto sería mucho mejor, toda vez que con ello, se rescata y preserva la tradición de sus lugares.

Danza de los Zancudos, fe, devoción y valor

Como mencionamos anteriormente, la Danza de los Zancudos tiene su historia en relación al santo San Pedro, que por cienro es uno de los nombres de los barrios que conforman Zaachila (y actual Agencia de Policía).

Cuentan de manera oral, que hace muchísimo tiempo, San Pedro en una aparición pidió que construyeran una iglesia con su nombre en el pueblo de Zaachila. Al no cumplirse su designio, San Pedro continuó apareciéndose, hasta que un día fue capturado por los pobladores de ese entonces y fue encerrado en un pequeño templo por la desconfianza a sus palabras que le tenían.

Para custodiar a este personaje divino, fue vigilado por unos topiles o guardias, pero grande fue la sorpresa de propios y extraños, pues al llegar la autoridad de ese entonces para abrir las puertas, éste hombre había desaparecido, se cuenta que por la tarde se vio a San Pedro hablando con un anciano al que anteriormente se le había aparecido.

Este santo le indicó que era un mensajero de Dios para proteger Zaachila. San Pedro afirmaba que faltaban una semana para su cumpleaños y pidió se formaran parejas que se montaran sobre unos zancos y bailaran.

Ocho días después los danzantes con zancos hechos con estacas de carretas viejas, acompañados de un tamborero y mujeres con velas e inciensos de copal, llegaron a los pies del cerro donde una semana antes apareciera San Pedro, para complacer los deseos de éste. Allí encontraron su imagen, que fue llevada a donde hoy se asienta el barrio.

Por ello, los muchachos que se integran a los grupos de Zancudos, hacen promesas a esta deidad.